Miniaturas de aviones

Focke-Wulf Fw 190: el músculo de la Luftwaffe

Obra maestra del legendario ingeniero y piloto de pruebas Kurt Tank, el Fw 190 se convirtió, a medida que avanzaba la Segunda Guerra Mundial, en el caza por definición de la Luftwaffe. El caballo de batalla alemán podía plantar cara a los mejores cazas aliados, a la vez que adoptaba una gran variedad de funciones militares.

Focke-Wulf Fw 190

Focke-Wulf Fw 190

De leyenda a leyenda, la principal misión del Focke-Wulf Fw 190 era tomar el relevo del Messerschmitt Bf109. El traspaso de poderes como caza principal de la Luftwaffe no pudo ser más exitoso, pues el Fw 190 mantenía los principales valores del Bf109, añadiendo sus propias mejoras. Como su ilustre antecesor, el Focke-Wulf era relativamente sencillo y rápido de producir, no era un avión costoso y sus líneas maestras estaban tan bien pensadas que podía mejorarse en sucesivas versiones consiguiendo que cada modelo fuese, efectivamente, mejor que el anterior. Gracias a estas condiciones, a su potencia y maniobrabilidad, a su versatilidad tanto a baja como a alta cota y a la potencia de fuego que podía montar sin resentirse, el Fw 190 pudo echar un pulso en igualdad a las sucesivas mejoras del Spitfire y plantar cara al Mustang.

Al igual que el Bf109, el Focke-Wulf Fw 190 aceptaba cualquier tipo de tarea y adaptación y podía desempeñarla siempre con garantías: escolta de bombarderos, superioridad aérea, ataque a tierra, cazabombardero o caza nocturno. Su mantenimiento no era complejo y su manejo era muy accesible para pilotos acostumbrados al Bf109 que, al cambiarse al nuevo aparato, notaban un caballaje adicional que convirtió rápidamente al Focke-Wulf en el avión favorito de buena parte de los Ases de la Luftwaffe.

El Focke-Wulf Fw 190 fue el fruto maduro de una buena planificación y un diseño preciso realizado con tiempo. El Reichsluftfahrtministerium, en un hábil movimiento previsor, decidió a finales de 1937, con vistas a la futura guerra, que debían comenzar a trabajar en el relevo del Bf109. Gracias a esa previsión, en 1941, tras el golpe de la Batalla de Inglaterra, la Luftwaffe pudo recuperar algo de su posición dominante del cielo poniendo en los cielos un monoplano compacto de ala baja que, con su motor radial BMW 139, era mejor que cualquier caza aliado del momento, incluido el Spitfire de entonces.

Y no sólo se trataba de ventajas en combate, sino que Kurt Tank había aprovechado el tiempo mejorando notablemente la fiabilidad de los sistemas del avión, que era mucho más resistente a los impactos que los demás cazas en liza a aquellas alturas de la guerra. Por ejemplo, la sustitución de parte de la hidráulica de las superficies de control por sistemas eléctricos los hacía más resistentes ante los blancos del enemigo, de igual manera que el tren de aterrizaje avanzaba en solidez y fiabilidad con respecto al Bf109. Con una maniobrabilidad fluida, un pilotaje robusto y una visibilidad muy notable desde la cabina, el Fw 190 era el tipo de caza que consigue fusionarse con su piloto, darle una herramienta útil y precisa para realizar su tarea en las mejores condiciones posibles. Por ello no es extraño que varios de los grandes pilotos alemanes, como Walter Nowotny, tuviesen a este magnífico caza como su arma predilecta.

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